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REPORTAJE

En esta edición especial de Educación en Valores, agradecemos al Sr. Miguel Werner, Lic.en comunicación, responsable de prensa de la UPF (Universal Peace Federation) y secretario general de UPF-Argentina por sumarse a esta iniciativa de Neurocapital Humano impulsada a través del news ¨NEUROFELICIDAD - Creciendo como Seres Humanos y Aprendiendo a Ser Felices¨.

Es un orgullo para nosotros que el Lic. Miguel Werner quien cuenta con una amplia trayectoria como comunicador y persona comprometida con causas humanitarias a nivel internacional nos de sus aportes.


REPORTAJE

En esta edición especial de Educación en Valores, agradecemos al Sr. Miguel Werner, Lic.en comunicación, responsable de prensa de la UPF (Universal Peace Federation) y secretario general de UPF-Argentina por sumarse a esta iniciativa de Neurocapital Humano impulsada a través del news ¨NEUROFELICIDAD - Creciendo como Seres Humanos y Aprendiendo a Ser Felices¨.

Es un orgullo para nosotros que el Lic. Miguel Werner quien cuenta con una amplia trayectoria como comunicador y persona comprometida con causas humanitarias a nivel internacional nos de sus aportes.

¿Qué es para Ud. la Felicidad?

Si se la entiende en términos de final de cierta literatura infantil o películas, “y fueron felices y comieron perdices”, bueno, esta modalidad de felicidad sólo existe en la ficción. Por eso, antes de conceptuar sobre felicidad es importante comprender que no sólo somos meros “animales racionales”, únicos e irrepetibles, sino que nuestra esencia es eminentemente espiritual, dotada de la cualidad e impulso de sociabilidad. De modo que la felicidad tiene que considerarse o medirse en este contexto.

Uno puede sentir felicidad al concretar metas laborales, profesionales o familiares, pero esta satisfacción estará limitada en su plenitud por lo que pasa a nuestro alrededor. Uno no puede ser feliz en un mundo de infelicidad, porque lo que le pasa al vecino, al país me afecta. Puedo tener casa, trabajo y dinero; pero si vivo en una sociedad con sectores marginados o violencia, por ejemplo, esto me perturba directa o indirectamente. De modo que mi felicidad irá en aumento si a la vez que me realizo logro la realización de los demás. O a la inversa.

La felicidad en términos genéricos no tiene que ver necesariamente con cosas materiales, con acumulación de poder, dinero, conocimiento o fama; porque sectores que gozan de estos privilegios suelen tener tantos o más problemas o frustración que el común de los mortales. La misma está más relacionada con cosas menos tangibles, como gozar de amor y libertad. Es interesante observar, por ejemplo, que el término miseria (pobreza, escasez) viene del griego “miseros”: "alejado del amor"; donde “mis” es “alejado de” y “eros” remite al mitológico dios del amor. Esto permite distinguir una miseria material de otra espiritual, y deducir que para alcanzar la felicidad se necesita conjugar la satisfacción interior con la exterior, porque somos mente (alma) y cuerpo.

Por de pronto, la felicidad no se consigue mágicamente ni de modo permanente, salvo alcancemos un mundo ideal, donde cada uno pueda realizar sus sueños y vivir en plena armonía, cual ha sido la meta y lucha de grandes hombres y mujeres de todos los tiempos, de filosofías, políticas y corrientes espirituales. Por más utópico que esto parezca, esto tiene que seguir siendo nuestra aspiración, porque, sin lugar a dudas, podemos vivir en una sociedad y mundo mejor, más feliz. Si no fuera así todos los esfuerzos de cambio y progreso no tendrían ningún sentido.

Según su visión, ¿se puede lograr la Felicidad a través de la Educación en Valores? Por qué? Cómo?
La educación es una herramienta fundamental, no la única para la realización humana. El agregado de valores permite alcanzar mayores márgenes de conciencia social y evolución espiritual, y por ende de satisfacción. La mera educación, que otorga un título o un master, por ejemplo, no genera de por sí individuos cuidadosos del medio ambiente y respetuosos de los derechos de los demás, comprometidos con la cosa pública o con responsabilidad social, cumplidores de la regla de oro de las grandes tradiciones religiosas: la preocupación por el prójimo, el bien común.

Que hoy se hable de la necesidad de una educación en valores, es un síntoma de lo limitado que resulta la mera formación técnica (saber sumar y multiplicar, leer y escribir, dominar una profesión, etc.) y me hace acordar al contenido de una de las conferencias sobre educación en valores, donde un director de una escuela recomienda a un maestro a enseñar a ser buenas personas a los alumnos, argumentando sobre su experiencia en un campo de concentración, donde fueron asesinados millones de reclusos en manos de “instruidos” profesionales recibidos en las mejores universidades (ingenieros, físicos, químicos, etc.).

¿Si se puede alcanzar la felicidad con la educación en valores? Bueno, depende del grado y alcance de programas educativos sostenidos en el tiempo, para generar personas responsables, con compromiso cívico, capaces de enfocarse en metas colectivas, no sólo en su propia realización y progreso. Somos más que meros ‘homo sapiens’ (razón). Por eso hoy también se habla de inteligencia emocional y espiritual, que significa un avance en la comprensión del individuo. En este sentido, el desarrollo de estos aspectos y valores es lo que en el fondo produce la real satisfacción; en contraposición con el vacío existencial del actual consumismo materialista, que necesita de drogas y otras adicciones para producir un mero placer, que termina con más frustración.

 



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