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ÁMBITO LABORAL EDUCATIVO: EL MALESTAR DEL DOCENTE

* Por Ricardo Berlanga Santos

Introducción

A lo largo de más de 30 años como docente en escuelas públicas y privadas, ha sido común escuchar a los padres de los estudiantes cuando les damos alguna queja de indisciplina o de la falta de trabajo en clase de su hijo, decir cosas como estas: yo no soy el maestro, es responsabilidad de ustedes que el niño trabaje, ese es parte de su responsabilidad y otras frases similares. La realidad es que tienen razón, somos los maestros los que tenemos la formación profesional para lograr los aprendizajes de los niños y jóvenes. Sin embargo hay otra visión del mismo tema.


ÁMBITO LABORAL EDUCATIVO: EL MALESTAR DEL DOCENTE

* Por Ricardo Berlanga Santos

Introducción

A lo largo de más de 30 años como docente en escuelas públicas y privadas, ha sido común escuchar a los padres de los estudiantes cuando les damos alguna queja de indisciplina o de la falta de trabajo en clase de su hijo, decir cosas como estas: yo no soy el maestro, es responsabilidad de ustedes que el niño trabaje, ese es parte de su responsabilidad y otras frases similares. La realidad es que tienen razón, somos los maestros los que tenemos la formación profesional para lograr los aprendizajes de los niños y jóvenes. Sin embargo hay otra visión del mismo tema.

En la última conferencia que impartí a padres, les comenté lo anterior, pero agregué: es correcto, sus hijos dentro de la escuela son nuestra responsabilidad, solo que en México y supongo que en otros muchos países, nosotros hacemos cosas que son responsabilidad de ustedes: vacunar a sus hijos; enseñarles valores; regularles su alimentación, ponerlos a hacer ejercicio además del obligatorio de su clase de educación física, orientarlos para que sepan que ver y que no en el Internet o en la televisión, escuchar sus inquietudes y problemas, enseñarles las reglas básicas de urbanidad como saludar, decir gracias, con permiso; la razón es porque ustedes no están en casa por el trabajo.

Entonces, si nosotros hacemos trabajo de los padres en la escuela, es justo que ellos sepan del trabajo de nosotros en el que ellos nos pueden ayudar.           

La idea de este artículo es comentar sobre las investigaciones internacionales que están colocando a la profesión docente, incluído su ámbito laboral, dentro de las cinco profesiones que generan un alto nivel de stress con el consiguiente deterioro emocional, fisiológico y neurológico. Son principalmente los docentes de primaria y secundaria los que comparten el top five del stress laboral junto con los controladores aéreos, los enfermeros y los doctores de urgencias.
Es momento de iniciar a nivel personal, escolar y social un proceso de revaloración del rol docente. Todavía a mediados de los años 80´s los maestros teníamos un reconocimiento social importante, a partir de esos años, cada vez más hemos ido perdiendo nuestro rol social; en la medida en que el maestro maneje mejor su nivel de stress, esperaremos un mejor rendimiento laboral y por ende, un mejor aprendizaje en sus estudiantes.
Desarrollo
El rol de maestro ha cambiado mucho a través del tiempo,  Martínez (2009) señala que la enseñanza pasó de tener una imagen social de actividad laboral sin riesgos a una actividad de alto nivel se stress y angustia laboral que genera malestar y sufrimiento al docente. Lo mismo señala Paime (2009), en la década de los 80 el trabajo docente empieza a aparecer como un espacio conflictivo, incluso hasta peligroso.
La autoridad del maestro empieza a perder legitimidad, la indisciplina y la violencia escolar aparecen como algo común a su labor; inicia una etapa de crisis generando en el maestro agotamiento y cansancio que denotan un estado de angustia existencial.

Mismo Paime, señala que el maestro en esta década empieza a estar en el ojo del huracán. Se muestra incapacitado para hacer frente a nuevos modelos de relaciones sociales y nuevos modelos educativos.

Estos son solo dos trabajos que señalan la crisis de la educación que inicia a mediados de los años 80´s  y que en nuestros días se está agudizando. Sin embargo el problema no es nuevo, recordemos a Sócrates que acusaba a los maestros de corromper a la juventud; en otra nota se refleja la desvaloración del rol docente en una nota de De la Mora (1968) al mencionar un proverbio de la antigüedad latina que decía: a aquel mortal que quieren castigar los dioses, lo destinan a cuidar niños. La sociedad veía con lástima a todo pupilero. Ejercían la pedagogía aquellos que fracasaban en repetidos intentos de ser alguien, los ineptos para los oficios, los remansados por inútiles

Hace años, cuando trabajaba en el Sistema de Educación Especial, cuando menos en tres ocasiones las mamás de niños con discapacidad intelectual mencionaban que una de sus expectativas laborales con sus hijos discapacitados es que: al menos sean maestros. Sin comentarios.

Por otra parte la sociedad considera y valora la profesión docente desde el parámetro que el mismo docente suscita y lo reconoce como tal siempre y cuando represente y exprese los valores socialmente reconocidos en el espacio de su propia práctica educativa (Ibarra Russi, xx). Es decir, te reconozco si haces lo que yo como sociedad imagino que tú debes hacer, obviamente con mis reglas como sociedad. Este punto lo vemos reflejado cuando un padre nos dice que eduquemos a su hijo, pero no lo importunemos, no le exijamos mucho, no lo presionemos por nada y al final le entreguemos un ciudadano ejemplar.

Uno de los investigadores que primero abordaron el tema del malestar docente fue Esteve (2011) que señala la injusticia de la sociedad al considerarnos como los únicos responsables de los fracasos de un sistema escolar masificado que hace frente a la crisis social, económica e intelectual de nuestra sociedad. Siendo esta misma sociedad quien ha diversificado sus exigencias sobre el profesor a partir de diferentes modelos educativos, que involucran diferentes concepciones de alumno, sociedad, aprendizaje y valores. Esto ha creado una gran confusión con respecto a la compleja y extensa función del profesor; toda confusión crea angustia y stress.

Merazzi (1983) menciona que ahora debemos preparar a los maestros para vivir los conflictos, dicha tesis se basa en tres principios:

  • la evolución y transformación de los tradicionales agentes de socialización (familia, grupos sociales) que han dimitido al ámbito escolar sus propias responsabilidades;
  • el rol de transmisor de conocimientos que por tradición tenía la escuela ahora lo comparte con los medios de comunicación que compiten con muchas ventajas contra el maestro; ahora cualquier alumno puede rebatir el dominio del conocimiento de su maestro con una rápida consulta en la red;
  • el tercer principio se refiere a la discrepancia que la sociedad le plantea al maestro en lo referente a los valores a enseñar, pues por un lado la sociedad pide algunos que no necesariamente coinciden con los que el maestro decide o los cuestiona. En este punto la investigación del tema indica que cuando la sociedad y la escuela coinciden en los valores a enseñar, los niveles de ansiedad del profesor disminuyen (Finlandia, Japón, los Kibbutz israelíes).
Quien mejor describe las causas del malestar docente nuevamente es Esteve  que expone factores de primer orden como los que inciden directamente sobre la acción del maestro: los recursos materiales y las condiciones de trabajo, el material didáctico, los problemas de espacio, la conservación de edificios, el aumento de la violencia en la instituciones escolares, el agotamiento docente y la acumulación de exigencias sobre el profesor.
Los factores de segundo orden o contextuales/ambientales son: la modificación en el rol del profesor y de los agentes tradicionales de socialización, el aumento de las contradicciones en la función docente, la modificación del apoyo del contexto social, críticas, la incertidumbre ante los objetivos del sistema de enseñanza y el avance de los conocimiento, la ruptura de la imagen del profesor elaborada a partir de los estereotipos idílicos de profesor, y al final tenemos que la formación pedagógica inicial no se corresponde con las demandas reales de la profesión.
Bajo esta perspectiva, es difícil encontrar otra profesión con roles tan confusos en muchos casos, divergentes en otros y contradictorios en la mayoría. Todo este proceso social y de construcción del perfil socio psicológico del actual rol del docente nos lleva a la necesidad de reflexionar sobre la importancia de ir definiendo realmente dicho rol; debemos definir claramente lo que se espera objetiva y realmente de nosotros.

No olvidemos que nuestra función es lograr que el estudiante aprenda a leer y escribir, sumar y restar, idiomas y tecnología; que en el currículo de las escuelas formadoras de docentes no existen las competencias para ser psicólogo, psicoterapeuta de familias disfuncionales, médico de caídas, raspones o fracturas, trabajador social, administrador, teórico de las didácticas, nutriólogo ni especialista en activación física.

Tampoco se nos capacita para ser cuidadores de niños, expertos en primeros auxilios, formar y educar en valores, sustituir afectivamente a los padres, organizar viajes escolares para que aprendan mejor, ser especialista en reciclado y energías verdes, aprender a sembrar tomates y cebollas en el huerto escolar, especialistas en calidad educativa, las 5 “Ss” de los japoneses, levantar actas de juntas con padres, maestros, directivos y funcionarios escolares, saber de mantenimiento de sanitarios e iluminación y todo ello nos lo piden sin considerar que estamos mal pagados, poco reconocidos y que tenemos problemas personales como cualquier mortal.

Conclusión
El malestar del docente es multifactorial, primeramente existe toda una historia de devaluación del rol y aunque en momentos históricos los docentes han sido reconocidos como artífices del desarrollo de las sociedades, es una realidad que de hace 30 años a la fecha, la sociedad ha estigmatizado el rol, a incrementado a sus funciones educativas muchas funciones sociales, políticas, económicas, psicológicas y emocionales de manera tan confusa y vertiginosa que los maestros no han podido asimilar estos cambios y están entrando en una angustia que está ocasionando serios problemas de salud de orden psicosomático que los especialistas médicos están confundiendo con simples problemas médicos.
También tenemos factores de indisciplina y violencia en el aula, tanto por parte de los alumnos como de sus padres y ahora de sus autoridades. Tenemos factores del bajo salario que les obliga a tener varios trabajos para suplir sus necesidades; el bajo reconocimiento social y el sentirse victimizados por la sociedad que lo hace responsable de todo lo malo de sus hijos; el docente tiene que disciplinar niños que los padres les envían indisciplinados de la casa.

Ahora se considera que el famoso fenómeno del bully, los maestros lo tenemos que prevenir y resolver. Si al niño bully o al niño buleado, nos lo mandaron los padres así, no los formamos en la escuela.

Es importante ahora establecer y redefinir el rol del docente, regresarle a los padres las funciones y roles que realmente son de ellos e iniciar por parte nuestra la reivindicación del nuestra función para rescatar el prestigio y la importancia que durante muchos años tuvimos dentro de la escala social. Finlandia, Japón, Korea del Sur son buenos ejemplos de que si podemos tener nuevamente el reconocimiento de nuestra actividad laboral.

* El Lic. Ricardo Berlanga Santos, de Saltillo, Coahuila en México, es el Director administrativo del Colegio Inglés. Posee una trayectoria de 23 años como Catedrático e Investigador. Además, es Director tesis de Maestría en la Escuela Normal Regional de Especialización (ENRE) y  Director General del Colegio Americano. Te invitamos a leer el reportaje que le realizamos para la edición especial de Educación en Valores. Su correo es: ricsantos60@hotmail.com



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