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Revista: NEUROFELICIDAD - Creciendo como Seres Humanos y Aprendiendo a Ser  Felices

Premio en Comunicación - Federación para la Paz Universal (UPF Argentina) - Ecosoc ONU

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¿LA EDAD DE LOS HIJOS IMPACTA EN EL DESEMPEÑO LABORAL DE SUS PADRES?

Por Mª del Carmen Copes*

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Esta pregunta es una importante porción de la esfera del patrón socioproductivo que hemos formulado como un modo instrumental para vincular las necesidades familiares, la generación de recursos económicos que permita satisfacerlas y el dinero como un medio básico y no meramente como un fin.

Un foco específico del modelo operativo, centrado en el ingreso estable como ordenador social, con el sentido ampliado al bienestar integral y a la incidencia de las tensiones en los costos afectivos (más o menos ocultos) tras la remuneración por una tarea rentada.

En particular, se trata de la circulación de factores en torno al sueldo o salario de quien es proveedor/a de la familia y cubre los roles de padre/madre y de emplead@.

Volvemos al patrón socioproductivo que vimos en una nota anterior, pero aquí traspasaremos el umbral familiar, compartiendo algunos momentos del hogar con hijos y las demandas comunes de ser padres y al mismo tiempo, competitivos en la relación de dependencia.

También recortaremos el encuadre diferencial de la niñez y adolescencia que hemos alineado a la RSE en los dos últimos años, anticipando dos advertencias. Primero, que la dimensión problema conlleva reflexiones para intervenir en las mejoras y ajustes, por lo que acentuamos más las tensiones o dificultades que los aspectos positivos. Segundo, que hay un desafío como afirmación que pretende consensuar lo que podríamos hacer, a modo de final abierto en cada apartado.

Esperando que este tema, aliente alguna forma de devolución, el título es una pregunta para que las respuestas nos permitan aprovechar las distintas disciplinas y profesiones que ejercen los destinatarios de este laboriosa revista, que nos da la posibilidad de compartir saberes, para demostrar nuestros deseos de seguir aprendiendo. Desde ya, muchas gracias.

 

Padres empleados o empleados padres

Comenzamos a transitar algunos lugares comunes para verificar cuán cerca o lejos estamos en nuestra realidad cotidiana. Aunque sea obvio, lo primero es tener claro si hablamos de padres empleados o de empleados padres. Además del uso correcto del lenguaje, identificar el sujeto y el calificativo nos habilita las dinámicas de ajuste que nos ocupan en esta nota.

En un comparativo inicial, la familia demanda la disponibilidad de asistencia y cuidado permanente, debiendo acomodar gran parte de sus estrategias internas, entre prioridades y resignaciones. Para los hijos, el papá trabaja.

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La empresa necesita cumplir sus metas de productividad, ser efectiva y eficiente en el reclutamiento y la retención de talentos, debiendo incentivar el compromiso de su gente con políticas de flexibilidad laboral y de conciliación familia-trabajo. Para la empresa, el empleado tiene hijos.

Se trata una vez más de ejercitar las interpretaciones distintas y legítimas, según dónde se esté ubicado.

El desafío ¿es? administrar lo negociable y conciliar el presupuesto afectivo que muchas veces no se ve, como historia sin final ¿porque no se puede ver, o porque no nos conviene?.

 

Papá-Mamá Personas

Comenzamos a abordar la encrucijada en que nos instala el título, desde la persona y sus 24 horas diarias.

El papá y mamá emplead@s deben distribuir sus fuerzas vitales en rutinas planificadas que dependen de la calidad de vínculos de la pareja y de las variables fijas o aleatorias que hayan acordado. Lo real es que de lunes a viernes las 10 horas promedio (entre el empleo y los traslados) determinan el escenario funcional del hogar.

En las otras 14 horas, deben cumplir los demás roles de “papá/mamá en casa”, cónyuge, hij@, amig@, vecin@. A la vez, deben administrar el cuidado y mantenimiento del hábitat intrafamiliar con la provisión y satisfacción de las demandas físicas, afectivas y espirituales, en la educación, salud, alimentos, vestimenta, recreación, etc. de cada uno de los integrantes, más las propias constantes individuales del sueño y descanso de 8 horas (incluidas).

La reiteración de “deben” es intencional, para inducir las tensiones más visibles. Claro, que también se implican otros aspectos ocultos en la mochila emocional (mente y corazón) del padre que se lleva el problema que ha quedado “latente” en casa, entre la hora en que se fue al trabajo y su regreso. La disyuntiva está en que el problema pueda esperar o no, si es manejable, si es una situación crónica o de cierta constancia, etc.

El escenario supuesto, es de llamados por teléfono, consultas, pedidos, angustias, etc. que no pueden esperar; pero también incluye formas de conciliar la situación con alternativas que incumben al puesto laboral.

Desde el sentido común, sabemos que generalizar no sirve, pero descontamos que se sobreentienden las relatividades de los casos en que trabaja sólo uno de los padres o se cuenta con ayuda rentada o solidaria de los abuelos, etc.; y las nuevas incidencias de la inserción de la mujer en el mercado laboral y la profunda trasformación cultural de la familia (nuclear, monoparental, ensamblada, homoparental, etc.); temas pertinentes para considerar, pero que ameritan otro espacio.

El desafío ¿está? en diferenciar y complementar la gestión de personas que gerencia la empresa y la gestión familiar sujeta a improntas chicas o grandes, que en general acontecen, excediendo los planes o las previsiones.

 

Hijos chicos problemas chicos, hijos grandes problemas grandes
Dando cuenta de la edad cronológica, hablar de “hijos chicos o grandes” entraña la relatividad de todo proceso gradual y también la dualidad de ser chicos para una cosa y grandes para otra. Con esta frase de nuestro acervo cultural, procuramos entrar en la realidad de los últimos años, más dinámica y compleja. http://www.e-neurocapitalhumano.org/imagenes/hijoschicos.jpg

Los niños están madurando más rápido, la pubertad se ha anticipado y estos cambios nos han llevado a reformular la equidad de género, con un reparo diferencial en la niña y el varón adolescentes; por la complejidad de “prevenir antes que curar” tan frecuente en los dichos y difícil de implementar en los hechos; por el imperativo que recae en las responsabilidades de los padres y de las instituciones que configuran el colectivo social.

La escala de impactos comienza en el seno familiar con niños más participativos y activistas que nunca, autónomos para el uso de la tecnología doméstica e incisivos ante las ofertas de Internet o la TV. Prosigue, en el ámbito escolar que contiene a los hijos gran parte del día, para cohesionar las nuevas exigencias en la formación de pensamiento crítico ante la cantidad y diversidad de estímulos externos que reciben.

Los padres y educadores son los primeros contenedores del desarrollo de la pubertad, etapa de nuevas exigencias en el cuidado de factores físicos y psicosociales, que instala las diferencias entre la niña y el varón adolescentes.

En paralelo, se amplían los contactos fuera del hogar, desde las actividades extraescolares y entornos de amistades o noviazgos, hasta la mayor exposición a las vulnerabilidades que derivan en tentaciones, engaños y seducciones, entusiasmos, rebeldías, conductas vehementes o contestatarias.

La constante de calidad en las relaciones, vuelve a reformularse en la línea padres-hijo/s, con nuevas dimensiones en las instancias de respeto, límites, miedos o debilidades; también los umbrales de expectativas en el propio proyecto de jóvenes.

El desafío ¿es? reconocer la intensidad, dirección y alcance de los múltiples impactos que se disparan, entre exigencias para sostener el control y los deseos de alejarse de la sensación ¡SOS, auxilio, tengo hijos adolescentes” como otra de las expresiones populares, que siguen renovando su vigencia.

 

El contexto resistido

Ciertamente todos quisiéramos estar ajenos a las estadísticas, que estaban reducidas a la población de escasos recursos y ahora han pasado a ser problemáticas de los entornos urbanos, no de clases sociales.

Nos referimos a las tendencias acentuadas en la realidad de los menores de hoy:

  • de la desnutrición o mal nutrición por falta de conciencia en los factores irreversibles desde la gestación hasta los primeros cinco años y de educación alimentaria que impacta en la obesidad, diabetes, etc. (1);
  • de la deserción escolar -1 de cada 2 chicos tiene conflictos en la continuidad del secundario- (2);
  • de mayores accesos a los estimulantes y uso temprano del alcohol -14 años promedio, el 78% de los padres cree que sus hijos no beben, las chicas tienen más perjuicios al exceder el límite que tolera su cuerpo- (3);
  • del incremento en los noviazgos violentos y el embarazo adolescente -más de 300 partos diarios, 15% de los totales- (4).

Cuatro datos a modo de ejemplo, de los tantos que integran el actual espectro de la adolescencia, llamando la atención en daños más significativos para la niña que para el varón en esta etapa.

El desafío ¿está? en las capacidades de hacerse cargo, a tiempo y en la forma debida, para prevenir en lugar de remediar. En las co-responsabilidades más solidarias ante el modelo “a mí no me va a pasar” cada vez más endeble; las políticas sociales asistenciales, necesarias pero no suficientes a largo plazo; y la promoción de los Derechos del Niño que se promueven pero aún no están a la altura de las circunstancias.

 

En acción

Dejando las preguntas o supuestos vamos a pasar a la aplicación práctica.

http://www.e-neurocapitalhumano.org/imagenes/padre-trabajo-hijo.jpg Que “la edad de los hijos impacta en el desempeño laboral de sus padres” como se desprende de lo descripto en forma más amigable que sistémica, es inevitable. La cuestión es cómo se estiman o miden las relatividades.

- Sobre la edad de los hijos. La articulación con los indicadores de la RSE toma la minoridad hasta los 18 años, el perfil de hijos integra el público interno (el padre es un colaborador), mientras que el de niños como destinatarios, es un grupo de interés externo (clientes, comunidad, etc.).

El destino de los recursos empresarios, tiene claras preferencias en la primera infancia, ampliando las alternativas de protección de la Convención de los Derechos del Niño, la Organización Internacional del Trabajo y la Ley Nº 26.061 con su “enfoque de las políticas públicas dirigidas a las niñas, niños y adolescentes y sus familias, mediante el establecimiento de procedimientos explícitos que las entidades de atención y protección públicas y privadas y los ámbitos judiciales deben respetar”. El empleado y sus circunstancias, están dentro de la asistencia de leyes y políticas de flexibilidad laboral, licencias por maternidad y paternidad, etc. en franco incremento.

La adolescencia tiene circunstancias más aleatorias, tiende a quedarse a la cola de las propuestas para niños y corta en el acceso a las de los jóvenes. 12 años es una vara cultural que la anatomofisiología está relativizando. En las leyes, 16 años habilita a votar, a conducir, a emanciparse comercialmente, a ser imputables por delitos.

En la cuestión de género-edad, tenemos posición tomada sobre la interpretación de la homogeneidad en la franja adolescente. Es visible que la equidad en los menores tiene un impacto disímil, mucho más complejo en la niña y el varón que han sobrepasado la infancia. El registro de estos efectos diferenciales, es una temática con menos de una década de antecedentes en 13 países de Latinoamérica, cuya adaptación a nuestra idiosincrasia estamos liderando.

- Sobre la calidad y cantidad de los impactos. En igual sentido que lo anterior, la valoración socioproductiva de los resultados (que suelen presentarse, premiarse, etc.) nos ha llevado a revisar la temporalidad de una cifra o medición sobre el escenario y actores involucrados, y a reformular la integración de los entornos de influencia y los residuales a largo plazo. Significa poner en valor “el después” de la medición, para sostener lo logrado, como éxito de la iniciativa, además del beneficio directo de los ejecutores y los destinatarios. Lo estamos elaborando como aplicación de una cuestión a acordar: “de qué hablamos al hablar de efectos”.

 

El todo es más que la suma de las partes
Hablamos de hijos niños y adolescentes, padres, impactos y desempeño laboral, en términos cotidianos que no son nuevos como temas o partes a tratar en la agenda pública y privada. Sí, es nuevo el sentido con que los hemos integrado, procurando facilitar más armonía al acontecer de las dos primeras décadas de los hijos y de los padres. http://www.e-neurocapitalhumano.org/imagenes/familia-trabajo.jpg

Sumando otras “partes” nos resta encuadrar la niñez y la adolescencia como categorías sociales en marco de la Responsabilidad Social de todos los sectores, incluidas en los cambios profundos que están promoviéndose en las organizaciones.

Instalar la cultura del diagnóstico en la empresa, para minimizar las tensiones paternas en el desempeño laboral, porque la familia no es reemplazable, como puede serlo el empleo.

Co-operar en las políticas sociales públicas y privadas de prevención para reemplazar las asistenciales, tres veces más costosas y menos eficientes para la calidad del desarrollo humano.

Trasladando el desafío lineal que hemos planteado a la dimensión macro de las decisiones públicas, privadas y sociales, entendemos que se acota a una gestión responsable más horizontal. Entre los pendientes destacamos:

  • la debida toma de decisiones en torno a la protección de los derechos del niño, acorde a la complejidad de cambios en la maduración temprana de la primera infancia y el anticipo de las problemáticas adolescentes;
  • un ordenamiento territorial de necesidades y destinatarios, que corrija las superposiciones frecuentes;
  • la planificación de programas e iniciativas sobre diagnósticos de situación y del core business de los ejecutores;
  • la reversión de la tendencia a las micro interacciones para dejar de operar en islas y proyectar la visión país como cuestión de estado, porque la gobernanza privada perdura y la pública está sujeta a las dinámicas de elecciones periódicas.
Y cómo llegamos aquí

Sin entrar en detalles del recorrido-calendario hasta aquí, abreviamos que:

  • En 2012 vimos en la generalización de los 18 años una nueva alerta.
  • Investigando los escenarios por venir (llave de nuestra tarea desde 2006), detectamos variables -de edad, género, hábitat- y consecuencias -críticas, irreversibles, diferidas- que formulamos como emergentes en niñez y adolescencia, para articular con la incipiente RSE-I (en Infancia).
  • El año pasado emprendimos una red nacional para elaborar los efectos diferenciales de la niña y el varón adolescentes, y consensuar los impactos en la sustentabilidad (familia, comunidad, país), causalmente apoyada en la Inversión Social Privada que presentó UNICEF en agosto pasado.
  • Este año, complementamos un gabinete psicosocial, para segmentar los efectos de la niñez y de la adolescencia también con sus efectos en la sustentabilidad, articulando la promoción de los Derechos Humanos, en continuidad con las políticas de flexibilidad laboral y la conciliación familia y empleo, en la agenda de los recursos humanos de las empresas.

Hubiéramos querido ampliar el contenido profesional o delinear algunos datos psicosociales que complementarían el registro de la edad de los hijos en el legajo, pero hemos preferido concluir con un paso más en el valor humano de la pregunta planteada.

  1. Seguramente queramos ser los padres que hubiéramos deseado tener.
  2. Es posible que nuestros hijos sean los que hemos soñado, o que hagamos lo imposible para lograrlo.
  3. Pero es inevitable que ellos compartan algún evento de su crecimiento, con otros niños y adolescentes en circunstancias menos protegidas y felices. Entonces, no sólo tendremos que pensar en nosotros.

¿Está/s de acuerdo? ¡Hasta pronto!

Links:

* María del Carmen Copes es es Psicóloga Social y Operadora Psicosocial en Salud Mental con formación en Gestión Cultural y Turismo, Economía Social, Liderazgo Social y Magisterio. Lideró diferentes emprendimientos desde 1990 en Uruguay y Argentina, y, para profundizar la Gestión Integral de la RSE, fundó Código R, para la intervención operativa en la Responsabilidad Social y Desarrollo Sustentable de Empresas, Organismos Públicos, Organizaciones de la Sociedad Civil y Emprendedores. (+ info). ctualmente lidera RAENAS: Red Argentina del Efecto Niña Adolescente Sustentable. Su correo es: mcopes@codigor.org

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