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| Nota # 3- Neurosicoeducación, Neurosicoentrenamiento y Neurosiconutrición para superar las crisis |
| El estrés siempre ha existido en nuestro mundo. Nuestro cuerpo está diseñado para afrontar amenazas y peligros; poseemos mecanismos de defensa autómáticos dirigidos a enfrentar efectivamente situaciones de emergencia. La respuesta de estrés es una respuesta automática a cualquier cambio ambiental - externo o interno- mediante la cual se prepara para hacer frente a las demandas que se generan. |
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Por tanto, ello no es algo "malo" en sí mismo, al contrario, facilita el disponer de recursos para enfrentarse a situaciones que se suponen excepcionales. El inconveniente es que, en la agitada vida moderna, las excepciones pasan a ser las “reglas del día” (dado las innumerables presiones mentales, físicas o emocionales y asimismo, no siempre “reales”) demandando un gran gasto de energía de nuestro organismo.
Existe una base genética que predispone a que los individuos difieran en la reactividad y funcionalidad de sus sistema fisiológicos relacionados con las respuestas al estrés tanto a nivel cerebral como corporal, por lo tanto, la genética es un factor determinante en el grado de vulnerabilidad que tendrá un individuo ante el estrés.
En los procesos de crisis intervienen la herencia, factores ambientales, el estrés, el abuso de ciertos medicamentos, el sistema inmune y carencias en la nutrición.
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Las causas EXÓGENAS que inducen a la crisis pueden ser a nivel macrosocial si afectan a la mayoría de la sociedad, o a nivel microsocial, si afecta al entorno más directo de la persona.
A nivel macrosocial, aunque sus consecuencias pueden afectarnos personalmente, difícilmente podemos combatirlas de forma individual, sino que se requieren esfuerzos colectivos. Y francamente, en una sociedad como la nuestra, que se ha desarrollado en las últimas décadas sobre unos valores materialistas, hedonistas, individualistas y de fomento de la competitividad extrema, es evidente que hará falta realizar un doloroso reajuste para establecer un nuevo orden social más humano, menos competitivo y más solidario que el actual. Por lo tanto, resolver esta cuestión llevará su tiempo. Pero tal vez, la crisis nos señale el camino. A nivel microsocial, cada persona puede encontrarse con multitud de factores que le afecten directamente. Algunos de estos factores, acontecimientos o circunstancias son absolutamente impredecibles o ingobernables, pero otros ocurren como consecuencia lógica de nuestras propias conductas, aunque a menudo no podemos reconocerlo.
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Para afrontar adecuadamente los factores exógenos, tanto a nivel macro como micro, lo más aconsejable es contar con el apoyo de un profesional de la Salud Mental. Hay que desterrar la anticuada creencia de que para ir a uno «hay que estar mal de la cabeza», recordemos que nuestra Unidad Cuerpo Cerebro Mente (UCCM) es la misma que tenia el homo sapiens sapiens en la sabana Africana (mundo natural) hace miles de años, y lejos está de estar adaptada biológicamente al mundo moderno.
En la actualidad, la neurosicoeducación y el neurosicoentrenamiento cuentan con técnicas eficaces para subsanar ese déficit genético evolutivo, utilizando como herramienta a la educación. Nos permiten mejorar nuestro rendimiento emocional y cognitivo, y, de la misma forma que se puede ir a un gimnasio a realizar fitness o pilates para mejorar el estado físico y el funcionamiento de nuestra musculatura, también podemos mejorar nuestra capacidad mental con un entrenamiento de la UCCM adecuado. Si vamos a la peluquería, a la estética o compramos prendas que nos hagan mejorar nuestra imagen física, ¿por qué no mejorar también nuestra imagen emocional?
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Respecto a las causas ENDÓGENAS, no vamos a entrar a valorar las posibles causas genéticas que según los biologicistas, determinan mayormente nuestro comportamiento. Evidentemente que los genes tienen un peso específico en nuestro desarrollo y en nuestra interacción con el ambiente que nos rodea, aunque personalmente considero que el conjunto de factores educativos, socioculturales, epigenéticos y económicos tienen el 50% de peso en la interpretación emocional y cognitiva de la persona respecto a los estímulos (externos e internos), y por tanto determinan también la conducta.
Entonces, ¿qué podemos hacer? Pues bastante. Existe una amplísima literatura científica que ha constatado por ej. que el tipo de alimentación influye claramente en la capacidad de resistencia al estrés. Por eso es fundamental una adecuada nutrición (en Neurocapital Humano hemos creado el concepto de neurosiconutrición) , especialmente respecto al consumo de agua, vitaminas (fundamentalmente del grupo B), minerales, ácidos grasos esenciales (especialmente el omega 3) y proteínas, fundamentales todos para la salud cerebral. Y si nuestro cerebro está sano, también lo estará nuestra mente y nuestro cuerpo (gracias al mecanismo de retroalimentación o feedback). Nuestra Salud general será mejor y nuestros mecanismos de afrontamiento nos ayudarán a enfrentar el estrés ante los procesos de crisis, de la mejor manera posible.
Asimismo, poder implementar, diriamente, varios momentos de relax (descanso físico y mental) durante el día y tener un bien dormir (sin etapas de sueño desfasadas) son el complemento ideal para ayudar a nuestra UCCM a recuperar energia y capacidades.
Aún viviendo en contextos de crisis, la complejidad es una oportunidad para generar una nueva comprensión y vivencia del mundo. El devenir nos coloca grandes retos. Hoy vivimos un período de emergencia humana sin precedente. Estamos ante la encrucijada de un nuevo momento en la historia evolutiva de la humanidad.
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Encarar la comprensión de los comportamientos humanos sin prejuicios, mitos ni tabúes y a partir del conocimiento que la moderna neurociencia y las ciencias afines del comportamiento nos dan acerca del funcionamiento de nuestra UCCM-MA (Unidad Cuerpo Cerebro Mente – Medio Ambiente), así como, aprender que cada uno de nosotros puede modelar su cerebro en beneficio de la propia Calidad de Vida y felicidad , es una real necesidad y un desafío a asumir en los tiempos modernos, si pretendemos dar respuesta a los reales problemas de fondo que nos aquejan individual, social y globalmente.
Las herramientas actuales para poder afrontar los procesos de crisis, tanto cerebrales como sociales, radican en el conocimiento y la comprensión del propio Mundo interior, más la puesta en práctica - individual y colectiva-, de adecuada neurosiconutrición y entrenamiento cerebral que ayude modelar nuestra UCCM y así nuestros comportamientos.
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